Justicia Social

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Estos días de fiestas navideñas no hemos dejado de escuchar en los medios sobre la solidaridad del pueblo aragonés, así como gobiernos municipales y autonómico, permitiendo que las familias con pocos recursos pudieran celebrar tan señaladas fiestas. Es cierto que es una alegría que todos podamos tener buenas cenas de Nochebuena y Nochevieja pero, ¿y el día a día?
Entiendo a las ONG y asociaciones caritativas, yo pertenezco a algunas, que recogen arroz, leche, latas de atún, … pero echo en falta acciones de formación o de ayuda para que esas personas, puedan generar sus propios recursos. Ahí deberían estar las instituciones asegurando la JUSTICIA SOCIAL. Apostando por formar a los parados y darles empleo, principalmente público o facilitando la creación de cooperativas. Las instituciones, es decir, los Ayuntamientos, comarcas y diputaciones, se amparan en colectivos como Cruz Roja y Cáritas, enorme la labor que desarrollan y en especial sus voluntarios. Subvencionan sus acciones y así, las instituciones, se lavan las manos alardeando de su solidaridad. La caridad, como acto de auxilio que se da al necesitado, en muchos casos no deja de ser un sencillo acto, que sirve únicamente para tranquilizar la propia conciencia del que ejerce el acto de “ayuda”, pero que no transforma de raíz la situación vital de necesidad. La transformación deberían asumirla las instituciones y, muy especialmente, gobiernos autonómicos y estatal. Ahora, las políticas de los citados gobiernos en este delicado tema se podría resumir con una conocida frase: “Pan para hoy y hambre para mañana”. Con la caridad se acostumbra a la gente a la beneficencia, perpetuando así que existan ricos y pobres. Algo que siempre ocurre en un sistema capitalista neoliberal.
La solidaridad a diferencia de la caridad, parte del concepto de JUSTICIA SOCIAL, es decir, dar a todos lo que por ley natural pertenece, creando condiciones para que se desarrollen sociedades en igualdad. La actitud solidaria denuncia la raíz de los conflictos sociales que generan sufrimiento en la gente y a sus responsables, tratando de organizar activamente grupos humanos que se organicen, reivindiquen y luchen por erradicar las causas que generan las desigualdades e injusticias. Este tipo de grupos humanos ya no gustan a los gobiernos.
El incremento del número de personas que se activan en tareas de voluntariado, indica claramente, que la población rechaza el sufrimiento de la gente e intuye la necesidad de cambiar la dirección de este sistema inhumano. Aun así lo que debe quedar claro, tanto a los que sitúan su actividad en el lado de la caridad, como a los que lo hacen en el bando de la solidaridad y el apoyo mutuo, que su ayuda nunca debe sustituir al sistema público de protección social. No podemos permitir que se olvide que tenemos derechos y que ni debemos ni podemos vivir de limosnas. Donde hace falta la caridad es porque FALTA LA JUSTICIA SOCIAL. Donde hay JUSTICIA SOCIAL sobra la caridad.

 

 

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